Para quién escribe Boaganelogic (y para quién no)

No escribimos para turistas que buscan la foto del Sardinero. Escribimos para quien vive la ciudad de lunes a viernes, con sus citas, sus autobuses y sus juntas.

La panadera de General Dávila

Llamémosla Marisa. Tiene 58 años y abre la panadería de la calle General Dávila a las 6:40, antes de que pase el primer autobús de la línea 6, con una libreta donde apuntaba pedidos de barras y sobados que luego sustituyó por una tablet con el programa de facturación, y nos escribió en marzo porque el Ayuntamiento iba a cambiar el sentido de la calle por las obras del carril bici.

Le contamos que la obra empezaba el 14 de abril. Iba a durar cinco meses. El desvío de la línea 6 afectaría a su clientela de Cuatro Caminos. Publicamos el plano y ella lo imprimió para ponerlo en el mostrador.

También publicamos que la Junta de Distrito del Sardinero tenía 11.200 euros para señalizar los desvíos provisionales, una cifra que nadie más dio.

Marisa no necesita grandes análisis. Le sirve un aviso: «El jueves cortan el tramo entre Beato de Liébana y la plaza de toros». Eso le permite avisar a sus repartidores. Ese es el tipo de lector que sostiene esta casa. Gente que lee de pie, entre dos tandas de pan, con las manos enharinadas y el teléfono sonando.

No escribimos para ella cuando hablamos de subvenciones nominativas o de la fusión de dos consejerías. Si un día lo hacemos, es porque le afecta el bolsillo. Si no le afecta, no lo publicamos.

El club de remo de Pedreña

Pedreña está al otro lado de la bahía. Allí, un club de remo con 34 licencias federativas en categoría juvenil se peleaba en febrero con la Confederación Hidrográfica por el dragado de la ría, un asunto que nos llegó por una socia, Carmen, que entrena a las cadetes los martes y jueves y que llevaba meses sin poder usar el canal de salida.

Lo que traían era concreto. El dragado se paralizó por un informe de Costas. El club perdía cuatro entrenamientos semanales.

La solución no era un reportaje de 3.000 palabras sobre el ecosistema. Publicamos una nota con la fecha de la próxima reunión y el nombre del funcionario que llevaba el expediente.

A Carmen le valió. Al presidente de la Federación Cántabra de Remo, no. Él quería que habláramos de la cantera como valor de marca. No lo hicimos. No somos una revista de promoción deportiva.

Para el club, la información útil fue el teléfono de la oficina de Costas en Santander, un dato que nadie más había publicado y que resolvió una reunión que llevaba tres semanas bloqueada. Ese es el periodismo de servicio que intentamos hacer. Sin épica.

La cuidadora de la calle Castilla

Un tercer caso: una mujer de 72 años, viuda, que vive en la calle Castilla y cuida a su nieto de 9 por las tardes, nos escribió para preguntar por las ayudas de conciliación, no como fuente sino como lectora, y le respondimos con datos: la convocatoria de la Consejería de Empleo y Políticas Sociales salió el 8 de enero, con 412.000 euros, y el plazo acababa el 7 de febrero, pero su hija no podía pedirla porque trabajaba en negro.

Esa lectora no necesita que le expliquemos el sistema de cuidados. Necesita saber que la Oficina de Atención Ciudadana de la calle Vargas está abierta hasta las 19:30.

Publicamos el horario y el número de expediente que colapsaba la web. Al día siguiente, 47 personas llamaron. No fue un éxito editorial. Fue un servicio.

Quien no es nuestro lector es el que busca opinión sobre el Gobierno de Cantabria sin datos. Tampoco el que quiere que le confirmemos sus prejuicios sobre los vecinos del Alisal. Ni el que pide que hablemos de la unidad de España cada vez que hay una obra en el centro.

Los que no

No escribimos para el lector de despacho, ese que necesita una columna de 900 palabras para saber qué pensar del tranvía de la Bahía, que nunca ha cogido el 13 en hora punta, que no sabe dónde está la parada de los Corrales de Buelna y que jamás ha tenido que reclamar una multa en la Oficina de Atención Ciudadana de la calle Vargas.

Ese lector existe, pero no paga nuestro café.

No escribimos para el turista que en agosto pregunta por el mejor sitio para ver el atardecer en la Magdalena, ni para el que confunde independentismo con cercanías. No somos un medio de trinchera. Si un concejal del PP y uno del PSOE se pelean por una rotonda en Nueva Montaña, contamos la pelea. No la convertimos en metáfora de España.

No escribimos para el que necesita tres fuentes anónimas para creer una noticia. Preferimos una fuente con nombre y apellidos, aunque nos caiga mal. Y no escribimos para el que solo lee titulares.

El titular no paga el alquiler. Lo paga la suscripción de 5,90 euros al mes.

Si usted vive en Santander, coge el 7 o el 13 para ir al trabajo, tiene una reclamación pendiente en el Ayuntamiento y no sabe a quién llamar, esto es para usted. Si no, también puede leer. Pero no se queje si no hablamos de su urbanización.