Siete años y 2.412 ediciones
El primer número salió el 4 de marzo de 2019.
Aquella edición llevaba veintiocho suscriptores, una sola sección dedicada al barrio de Castilla-Hermida y un directorio de teléfonos útiles que hoy consultan más vecinos de los que entonces nos leían, porque desde ese día no hemos faltado ni un solo día laborable a la cita con quienes nos siguen.
Hoy acumulamos 2.412 ediciones, con una media de 4,7 piezas diarias entre noticias, reportajes y agendas vecinales. La redacción ocupa un local de 62 metros cuadrados en la calle Calderón de la Barca, 14, en el barrio de Numancia, donde trabajamos tres periodistas a jornada completa y una persona encargada de la gestión de suscripciones. No tenemos corresponsales fuera de Cantabria. Nuestro ámbito es Santander y los municipios del entorno a menos de veinte kilómetros. El modelo económico se sostiene sobre 1.847 suscripciones de pago, con una cuota mensual de 6,95 euros o anual de 69 euros, que suponen el 71 por ciento de nuestros ingresos; el resto proviene de la publicidad institucional del Ayuntamiento de Santander y del Gobierno de Cantabria, que en 2024 sumó 28.340 euros.
Qué garantizamos por escrito
Cada noticia lleva el nombre completo del periodista que la firma y la hora exacta de publicación. Si una información contiene un error de hecho, lo corregimos en un plazo máximo de veinticuatro horas desde que lo detectamos, con una nota visible al pie del texto original, sin excepciones y sin depender de quién lo haya señalado.
Tenemos un compromiso de respuesta a los lectores que va más allá de lo habitual: cualquier suscriptor que escriba a [email protected] recibe contestación en un máximo de cuarenta y ocho horas laborables. No es retórica. En 2025 respondimos 214 de las 219 comunicaciones recibidas, y las cinco restantes eran mensajes duplicados.
La independencia editorial está recogida en nuestros estatutos desde junio de 2021. Ningún anunciante, institución o grupo político puede revisar un texto antes de su publicación. Cuando aceptamos publicidad institucional, la pieza va identificada con una etiqueta gris y nunca se mezcla con contenido informativo en la misma página.
Lo que no prometemos
No somos un medio de cobertura nacional.
Si ocurre una catástrofe en Andalucía o una crisis ministerial en Madrid, no vamos a enviar a nadie ni a competir con las agencias, porque nuestro trabajo consiste en explicar cómo eso afecta a quien vive en la calle Vargas, en el barrio de La Albericia o en cualquiera de los doce núcleos urbanos que cubrimos cada semana con la misma prioridad.
No hacemos periodismo de investigación a gran escala. No tenemos abogados en plantilla, ni fondo para litigios largos, ni capacidad para sostener batallas judiciales de años contra grandes empresas. Cuando una historia exige ese músculo, lo decimos abiertamente y, si podemos, la derivamos a colegas con más recursos. Tampoco ofrecemos una verdad absoluta ni una objetividad neutra. Cada texto parte de una selección de fuentes y de un criterio editorial que explicamos cuando es relevante, y si un lector no comparte ese criterio puede decirlo y publicaremos su réplica si cumple las normas de respeto.
Cuando algo se tuerce
El protocolo de corrección tiene tres pasos y se activa igual si el error lo detecta un lector, una fuente o nosotros mismos: primero se retira o se marca el contenido afectado, después se publica una corrección fechada indicando qué decía el texto original y qué dice el corregido, y por último el periodista responsable explica por escrito qué falló en el proceso.
En marzo de 2023 publicamos que el mercadillo de la calle Alta se trasladaba al Parque de las Llamas. Era falso. El traslado afectaba solo a dos puestos de alimentación. La corrección salió nueve horas después, con una nota de 210 palabras firmada por la redacción. No borramos la pieza original.
Si un error afecta a la reputación de una persona identificada, ofrecemos espacio de rectificación en las mismas condiciones de visibilidad. No pedimos disculpas genéricas: explicamos qué dato estaba mal, de dónde salió y qué hicimos para que no vuelva a ocurrir.
Quién responde y con qué nombre
La dirección editorial recae en Marta Ceballos Ruiz, periodista colegiada número 34.871 en el Colegio de Periodistas de Cantabria, y ella asume la responsabilidad última sobre todo lo que se publica, desde una agenda de barrio hasta una información sobre el presupuesto municipal.
Los temas de comunidad y servicios públicos los cubre Ignacio Revuelta Sáinz. La sección de barrios y agenda vecinal está a cargo de Lucía Obregón Peña.
Las cuestiones económicas, las suscripciones y las reclamaciones de facturación pasan por Elena Trueba Campo, responsable de gestión, localizable en el 942 31 08 77 de lunes a viernes entre las nueve y las catorce horas; para asuntos editoriales, el correo es [email protected] y el teléfono directo, 942 31 08 76.
Si alguien no queda satisfecho con la respuesta recibida, puede dirigirse a la Oficina de Defensa de la Audiencia de Cantabria, en la calle Peña Herbosa, 29. Es un organismo independiente. Ahí termina nuestro control y empieza el suyo.