Lo que se midió y con qué
Tres sensores fijos de MeteoSantander registraron la temperatura a 1,5 metros del suelo cada quince minutos. Uno quedó en Lauro 12, otro frente al ambulatorio y el tercero en la plaza de toros, que funcionó como control sin lona desde el primer día. El periodo previo abarca del 1 al 30 de junio de 2024 y dejó 4.320 lecturas válidas.
Las lonas se instalaron el 2 de julio.
El contrato se adjudicó a Talleres Mecánicos Revilla, de Maliaño, con una prórroga de dos años por 18.900 euros anuales, financiados todos con cargo al remanente de tesorería de 2024, y durante seis semanas no se superó el umbral de 38 grados en ninguno de los tres puntos, algo que los técnicos no esperaban, porque en agosto de 2023 el sensor del ambulatorio había marcado 41,2 grados en tres tardes distintas.
Lo que no funcionó fue la medición nocturna. Los sensores no llevan protección contra la humedad. Entre las once de la noche y las seis de la mañana perdieron el 34 por ciento de las lecturas, y por eso la cobertura nocturna queda incompleta y no permite afirmar nada sobre el descanso de los vecinos.
Costaron 47.350 euros.
Donde el efecto se sostiene
En Lauro, la temperatura media de las horas centrales cayó 1,8 grados respecto a junio. La reducción se concentra entre las doce y las cinco de la tarde. En Vargas la bajada fue de 1,3 grados, y ahí el efecto se notó también a las siete, cuando la calle ya estaba en sombra por el propio edificio.
Frente al ambulatorio la variación fue de 0,2 grados, es decir, ruido estadístico, porque la lona cubre solo 22 metros de los 61 de fachada y la comunidad de propietarios del número 3 no autorizó el anclaje en su pared, de modo que el tramo protegido nunca llegó a cerrar la acera completa.
«El dato de Lauro es sólido», explica Marta Cagigas.
Cagigas es ingeniera municipal adscrita al área de Medio Ambiente y añade lo siguiente: «Lo que sí sabemos es que sin lona no hay efecto, y que con lona mal anclada tampoco». La misma fuente reconoce que el estudio no aisló el efecto del arbolado, porque la poda de los plátanos de Lauro se retrasó a septiembre y en julio y agosto hubo más sombra vegetal que en junio, un factor que no se cuantificó en ningún momento del informe.
El comercio, entre la queja y el dato
La Asociación de Comerciantes de Cuatro Caminos remitió un escrito al Ayuntamiento el 9 de septiembre. Lo firma su presidenta, Rosa María Pellón, que regenta una mercería en la calle Cádiz desde 1997, y en él pide ampliar las lonas a Cádiz y Alta, donde no hay arbolado ni sombra de fachada que valga durante las horas centrales.
Pellón aporta su propio registro. Un termómetro de pared en la trastienda marcó 33,4 grados a las seis de la tarde en agosto.
«En Lauro están mejor, claro, pero nosotras seguimos aquí», dice. El Ayuntamiento no ha respondido al escrito. Fuentes de Medio Ambiente señalan que la ampliación no está presupuestada para 2026.
El censo de locales abiertos se mantiene en 214, igual que en 2023, y eso no significa que las lonas hayan salvado el comercio, sino que no lo han hundido. En el mercado, los 38 puestos pagan desde julio una cuota extra de 6 euros mensuales para el mantenimiento, aprobada el 30 de junio en junta de concejales con los votos de PSOE y PRC y la abstención del Partido Popular.
Lo que queda por resolver
El contrato incluye una revisión anual de anclajes y una limpieza de lonas cada seis meses, y la primera revisión, prevista para el 15 de octubre, aún no se ha ejecutado porque la empresa alega falta de una grúa de 20 metros en la zona.
Los sensores seguirán instalados hasta junio de 2026.
Entonces se comparará un ciclo completo. El Ayuntamiento publicará los datos brutos en el portal de transparencia. Cagigas avanza que la serie se corregirá para descontar el arbolado, aunque el método no está cerrado. La única certeza medible sigue siendo Lauro. 1,8 grados menos con lona y con plátanos, y esa suma de causas es justo lo que el estudio no logra separar.