Las monjas que se van y el taller que no volverá
Quedan cuatro religiosas en la comunidad. Este mes se trasladarán a la residencia que la congregación tiene en La Pereda, en Liérganes. La más veterana, sor Amparo Cagigas, de 84 años, llegó al Preventorio en 1972 como cocinera y ha visto pasar por sus pasillos a más de dos mil niñas. El viernes, después de la firma, cruzó la puerta de la capilla, se paró y dijo que «esto ya no es nuestro, pero todavía huele a la cocina de antes».
En el barrio hay quien no comparte el entusiasmo. El colectivo juvenil La Rampa, que ocupó el edificio durante tres semanas de 2023 para montar ensayos y talleres de circo, presentó alegaciones al proyecto en agosto. Piden que el espacio vecinal reserve dos tardes semanales para actividades de jóvenes sin tutela municipal y que el gimnasio de la segunda planta no se convierta en sala de fisioterapia. «Nos prometieron un local en 2024 y seguimos en el garaje de un bar», resume su portavoz, Aitor Merino.
El Ayuntamiento ha respondido que las alegaciones se estudiarán en la comisión de Urbanismo del 6 de octubre. Villalba aseguró que el espacio vecinal tendrá un reglamento de uso pactado con las asociaciones del barrio antes de que acaben las obras. La asociación San Pedro de Cueto ya ha pedido por escrito dos franjas semanales para ensayos de su grupo de teatro.
Mientras llega todo eso, la valla verde sigue en pie y las farolas de la avenida de la Constitución continúan apagadas. Operarios municipales colocarán el lunes una placa provisional en la fachada que anuncia el futuro centro de día. Es un cartel de vinilo, de dos metros por uno, que costará 480 euros. Durará lo que dure la obra.