La barrera bajó un lunes a las 8:00
La barrera hidráulica de la calle Castelar empezó a funcionar el lunes 8 de septiembre a las ocho de la mañana. Hasta ese momento, cualquier vehículo podía circular por el tramo de 240 metros que separa la Plaza de Pombo de la confluencia con Calderón de la Barca, una franja que atraviesa el corazón comercial del centro y que hasta ahora absorbía buena parte del tráfico de paso entre el centro y el Ensanche.
El Ayuntamiento de Santander aprobó la restricción el 29 de julio, en la última sesión ordinaria del pleno antes del parón estival, con los votos del equipo de gobierno y la abstención del grupo municipal socialista. La resolución limita el paso a residentes con vado permanente, servicios de emergencia, carga y descarga entre las 7:00 y las 9:30, y vehículos autorizados con tarjeta de acceso. Todo lo demás queda fuera. La Policía Local ha instalado cuatro cámaras de lectura de matrícula en los extremos del tramo y en los dos puntos intermedios, y las sanciones empezaron a tramitarse el miércoles 10. En las dos primeras jornadas se registraron 61 denuncias, según datos que el propio Ayuntamiento publicó en su web el 12 de septiembre.
Fernando Riaño, propietario de la zapatería número 14 de la calle, echa cuentas cada noche desde que la barrera funciona. «Llevo dos semanas cerrando con entre un 28% y un 32% menos de caja que en septiembre del año pasado», dice mientras coloca cajas de la nueva temporada. «El cliente de fuera del barrio ya no aparca aquí, se va a Valdecilla Sur o a la Serna, y no vuelve».
El comercio afectado no es un caso aislado.
Un mapa de 47 locales y una cuenta que no cuadra
La Asociación de Comerciantes del Centro de Santander realizó un recuento propio entre el 9 y el 19 de septiembre. En el tramo restringido hay 47 locales en planta baja. De ellos, 39 son comerciales, cinco hosteleros y tres de servicios, y la entidad calcula que la facturación conjunta de esos locales cayó un 30% en las dos primeras semanas respecto al mismo periodo de 2025, una cifra que se basa en 31 encuestas respondidas de las 39 posibles y que la propia asociación reconoce como parcial.
Rosa Gándara, gerente de la asociación, presentó el informe en la oficina de atención ciudadana de la calle Cervantes el 16 de septiembre. «No discutimos el modelo de ciudad», explica. «Discutimos el calendario. Si mañana me traen un plan de aparcamientos disuasorios con lanzadera cada diez minutos desde el aparcamiento de Los Castros, retiro el recurso». La asociación ha pedido una reunión con la concejalía de Movilidad para la semana del 28 de septiembre.
El Consistorio sostiene que los datos son prematuros. Fuentes de la Concejalía de Movilidad Sostenible, que dirige la edil Marta Solana, señalan que la medición de flujos peatonales se hará pública a finales de octubre y que las cifras de septiembre no permiten extraer conclusiones. La misma fuente recuerda que restricciones equivalentes en la calle Burgos —aplicadas en 2023— se acompañaron de un descenso del tráfico de paso cifrado en 1.240 vehículos diarios, según los aforos de la DGT en el punto de la Plaza de Numancia.
Los vecinos del tramo tienen otra queja. De los 62 residentes censados con derecho a vado, 17 no han recibido todavía la tarjeta de acceso.
El plazo municipal terminaba el 15 de septiembre.
Carga y descarga: la franja que no cubre a nadie
La restricción permite carga y descarga entre las 7:00 y las 9:30. Para el sector de la hostelería, la ventana no funciona: la panadería de la calle Castelar número 22 recibe género a las 6:40, cuando todavía no se permite el paso, y su responsable, Julián Ocejo, ha reorganizado el reparto con el proveedor para desplazar la entrega a las 7:15. «Gano 35 minutos y pierdo dos clientes de desayuno que antes aparcaban delante», resume.
Los repartidores de las dos fruterías de la zona han optado por un sistema distinto. Dejan el vehículo en la calle Gravina, a unos 180 metros del punto de entrega, y completan el trayecto a pie con carros de carga.
El trayecto añade 12 minutos por servicio. La patronal de transporte discrecional ha pedido que la franja se amplíe hasta las 11:00, sin respuesta municipal por ahora. En la Plaza de Pombo, la parada de taxi número 4 ha perdido dos plazas: el cambio se aprobó en la misma resolución y entró en vigor la misma semana, y los taxistas de la parada calculan que han perdido entre 14 y 18 servicios diarios, sobre todo carreras cortas hacia la estación de autobuses.
La escena se repite a diario.
Barrera arriba, barrera abajo, y nadie que explique al conductor de turno por dónde puede pasar.
Lo que dicen los afectados del barrio
La Federación de Asociaciones Vecinales de Cantabria (FAVC) presentó el 18 de septiembre una solicitud de información pública ante el Ayuntamiento para acceder al estudio de movilidad que justificó la medida, y pide los datos de aforo previos, el informe jurídico y el expediente de contratación de las cuatro cámaras. «No es una postura en contra», aclara el portavoz vecinal, Andrés Peral. «Es que si voy a discutir esto en una reunión, necesito los papeles encima de la mesa».
El Ayuntamiento tiene un plazo legal de un mes para responder. La asociación de comerciantes ya ha anunciado que, si no recibe respuesta en plazo, presentará una reclamación ante el Consejo de Transparencia de Cantabria. La fórmula ya se usó en 2024 con el expediente del carril bici de la Avenida de los Castros, y el consejo falló entonces a favor de los solicitantes.
El impacto no se limita al tramo restringido. En la calle Calderón de la Barca, los comercios han notado un aumento del tráfico de paso de entre un 8% y un 12% en las horas punta, según los aforos manuales que la asociación realizó los días 11 y 12 de septiembre. La empresa de aparcamientos SM Santander, concesionaria del parking de Pombo, registró un descenso del 19% en las entradas durante la segunda semana de septiembre. El parking tiene 312 plazas y una ocupación media del 64% antes de la restricción.
Las cifras se acumulan.
La decisión política, sin embargo, sigue siendo la misma: el Ayuntamiento ha convocado para el 2 de octubre una mesa técnica con comerciantes, vecinos y taxistas, y hasta entonces la barrera de Castelar seguirá bajando cada mañana a las ocho mientras cada comercio del tramo hace su propia cuenta.