Una mesa prestada en Ruiz de Alda
El primer número salió un jueves, lo imprimimos en una copistería de la calle Juan de Herrera, tiramos 300 ejemplares y los repartimos a pie entre el Mercado del Este y la plaza de Cañadío. Sobraron 47. Todavía los guardamos en una caja de cartón, en el mismo piso donde empezó todo.
La historia es corta y algo incómoda, porque a finales de 2018 la Agencia EFE cerró su delegación en Santander después de décadas de trabajo en la ciudad y cuatro personas se quedaron sin mesa, sin teléfono fijo y sin dietas; dos de ellas, Marta Ocejo y yo, decidimos que no queríamos irnos a Madrid a cubrir ruedas de prensa institucionales, así que preferimos quedarnos y escribir sobre lo que pasa a dos calles de casa. Boaganelogic arrancó con 1.240 euros de deuda, dos ordenadores portátiles y un acuerdo verbal con la asociación vecinal de Numancia: ellos nos dejaban una sala dos tardes por semana, nosotros les cubríamos las asambleas. El trato funcionó nueve meses. Después alquilamos el piso de Ruiz de Alda por 480 euros al mes. La fianza la pagamos a plazos, en cuatro veces, y aún recuerdo el último ingreso en un cajero de la calle Castelar.
El nombre viene de una discusión absurda en un bar de la calle Castelar. Boagane era el apodo de un perro que cruzaba cada mañana la plaza de México. La lógica la añadimos para no parecer sentimentales. Nadie en la redacción defiende el nombre con entusiasmo, y cada vez que alguien pregunta por él cambiamos de tema con bastante torpeza.
Lo que contamos y cómo lo miramos
Cubrimos lo que ocurre entre La Marga y El Sardinero, entre Cueto y Peñacastillo. Nos interesan las juntas de distrito, las líneas del TUS que cambian de recorrido sin avisar, las obras del carril bici del Paseo Marítimo y los presupuestos municipales que se aprueban a las once de la noche, con la sala medio vacía y los concejales mirando el móvil.
No hacemos crónicas de despacho. Si hay que entender por qué una parada del autobús lleva tres meses sin marquesina, vamos a la parada y contamos cuántos usuarios la esperan en hora punta. Si el ambulatorio de Cazoña pierde un médico, preguntamos por las listas de espera y publicamos el número exacto de pacientes afectados.
En junio de 2023 publicamos los 312 expedientes de licencias urbanísticas concedidas entre 2019 y 2022 en el entorno de la calle Alta. Tardamos catorce semanas. Tres promotoras dejaron de anunciarse con nosotros y ganamos menos dinero y más confianza, que en un pueblo grande como Santander es lo único que se puede acumular sin que te lo quiten.
Trabajamos con fuentes que a veces se enfadan. Un concejal nos llamó mentirosos en 2021 por contar que la partida para parques infantiles había bajado un 18 % respecto al año anterior. La cifra salía del propio presupuesto municipal. No rectificamos. Publicamos de nuevo el enlace al documento.
Las cifras que damos llevan siempre documento detrás. Si no lo tenemos, lo decimos. Eso nos ha costado titulares brillantes y nos ha ahorrado vergüenzas.
Lo que no vamos a hacer
No vamos a publicar una lista de los mejores bares de Santander por San Valentín, no vamos a hacer un directo de un partido del Racing solo porque llueve menos que en otros sitios y no vamos a rellenar huecos con contenido patrocinado disfrazado de reportaje, aunque algún mes las cuentas nos obliguen a pensarlo dos veces antes de decir no.
Tampoco aceptamos dinero de grupos que tengan intereses urbanísticos activos en la ciudad. Ni de sus fundaciones, ni de sus filiales, ni de sus agencias de comunicación. Lo escribimos en el contrato que firmamos con cada anunciante, en la página 2, con letra de once puntos.
Rechazamos ideas cada semana. En marzo nos propusieron un especial sobre pisos turísticos pagado por una plataforma de alquiler vacacional. Dijimos no. En abril, una consultora quiso comprar el reportaje sobre las inundaciones de la calle Repuente. Dijimos no otra vez.
Boaganelogic no aspira a tener una sede central con vistas. No queremos corresponsales en Madrid. No queremos una app con notificaciones cada veinte minutos. Queremos que un vecino de El Alisal sepa antes que nadie qué pasa con la rotonda que lleva cuatro años sin acabar.
Quién paga esto y quién lo escribe
Nos financian 1.870 suscriptores, la cuota mínima son 5 euros al mes y la mayoría paga 7, de modo que en 2024 ingresamos 168.400 euros y gastamos 171.900, una diferencia que cubrimos con la venta de una furgoneta que ya no usábamos y que llevaba ocho meses aparcada en la puerta del despacho.
Somos cinco personas en nómina. Marta Ocejo lleva las investigaciones. Iker Colina cubre servicios públicos y transporte. Nayra Pineda se ocupa de barrios y medio ambiente. Luis Ateca hace fotografía y datos. Yo firmo los editoriales. Ninguno cobra más de 28.000 euros brutos al año.
Tenemos 34 colaboradores externos que cobran por pieza publicada. La tarifa base son 65 euros por reportaje, 40 por crónica y 25 por reseña. No pagamos por palabras, pagamos por horas de trabajo comprobadas. En 2024 pagamos 61.300 euros en colaboraciones.
La publicidad local supone el 22 % de los ingresos. Son pequeños comercios: la ferretería de la calle Santa Lucía, la panadería de la plaza de Toros, una autoescuela de Cazoña. Ninguno decide lo que escribimos. Si algún día lo intentan, lo contaremos en portada.
El consejo editorial se reúne los primeros martes de mes a las 19:30 en el local de la calle Ruiz de Alda y cualquier suscriptor puede asistir, aunque a veces vengan ocho personas y a veces quince, y se discuta más de lo previsto; nos parece bien.
Cómo llegar hasta nosotros
Estamos en la calle Ruiz de Alda, 12, tercero izquierda. El portal no tiene ascensor. La puerta del despacho es azul y se atasca en invierno, sobre todo cuando sopla el viento del oeste y el marco se hincha, así que a veces hay que empujarla con el hombro mientras alguien sujeta las bolsas del café.
Abrimos de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00, de lunes a viernes. El correo es [email protected]. El teléfono fijo, 942 21 08 44, contesta casi siempre Iker. Si llamas a las tres de la tarde, probablemente no haya nadie. Vuelve a intentarlo. Insiste al día siguiente.
No tenemos buzón anónimo. Tampoco queremos uno. Si tienes un documento, una queja o una historia, pon tu nombre. Respondemos a todo, aunque a veces tardemos cuatro días.
Cada 14 de marzo celebramos el aniversario con una comida en el bar de la esquina. Pagamos nosotros. No hay discursos. Si te pasas, te invitamos a un café.